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Aportes básicos de la sociología para los nuevos tiempos en El Salvador

Por: Mauricio Rodríguez, sociólogo, docente universitario y analista.

Debo comenzar afirmando que un sociólogo debe ser un profesional al servicio de la sociedad en su conjunto. No es un tema de “vacas sagradas” que en algunos casos se creen los dioses del Olimpo, dejando claras sus posturas muy distantes de lo que es el deber ser del sociólogo.

La sociología, en el devenir de los procesos históricos de nuestro El Salvador, ha venido desempeñando diferentes roles. Cabe aclarar que algunas posturas dejaron entrever que la sociología era un campo de estudio de los movimientos de izquierda con vocación socialista o comunista.

Lo cierto es que la sociología juega un rol determinante y no está plegada a ningún pensamiento ideológico, pues de ser así, pierde su esencia de disciplina científica y, por ende, su objetividad.

La sociología llegó a nuestro país enfocada como la sociología de los abogados, esto con una fuerte influencia del pensamiento positivista de Augusto Comte y del organicismo de Herbert Spencer; además la visión de la teoría de la Acción Social de Max Weber.

Y fue hasta 1906 cuando se aprueba el primer programa de estudios de sociología impulsado por el Dr. Belarmino Suárez quien incluye las primeras ideas de feminismo, lo que más tarde conoceríamos como Teoría de Genero, misma utilizada en la actualidad por organizaciones progresistas y de la Comunidad LGBTIQ+, y que también tema de agenda del FMLN y del extinto partido político Nuestro Tiempo.

En el período del capitalismo industrial, ubicado en la década de los años mil novecientos sesenta y mil novecientos setenta hasta 1992, la sociología tuvo mucha actividad desde el análisis de la migración del campo a la ciudad, con la instalación de las zonas francas y la llegada de capitales extranjeros, propiciando la propagación de los tugurios o colonias marginales fuera de la ley.

Ante esto, se presentaron las propuestas para dar respuesta a esas problemáticas. Es donde surge la Fundación Salvadoreña de Desarrollo y Vivienda Mínima, conocida como FUNDASAL, con el sistema de ayuda mutua para dar alivio al problema social que representaba las zonas marginales y los efectos colaterales, pues también allí afloró la delincuencia común.

Esta época estuvo marcada además por la fundación de la Asociación Salvadoreña de Sociología impulsada por el Dr. Ángel Góchez Marín. Otros fenómenos que fueron objeto de estudio de la sociología en ese período fue la Reforma Educativa de 1963, la creación del Mercomun. Y se le impregnó un enfoque ideológico con temas de la izquierda de ese período, pasando de una sociología académica a una sociología jurídica y de esta, a una práctica docente con enfoque revolucionario.

En este período a la UES, principalmente, se le identifica como un centro de ideologización, porque permitió que el FMLN la utilizara como un centro de reclutamiento y de formación política, ideológica y militar de las fuerzas guerrilleras.

Así es como esta casa de estudios fue perdiendo su esencia académica y su prestigio como una de las mejores universidades de América Latina. En esa universidad vimos desfilar a muchos “sociólogos”.

La sociología, en nuestros tiempos, es una sociología acompañante de los cambios y de las trasformaciones de nuestras sociedades. En el caso salvadoreño amerita que los sociólogos de verdad estén y estemos analizando, aportando y acompañando a nuestra sociedad en los cambios y en las transformaciones que vive El Salvador.

Todo esto como un fenómeno único en su género, pues en siete años el Gobierno del presidente Nayib Bukele ha neutralizado y aniquilado al peor cáncer social que nos afectaba, es decir, las pandillas.

En contraste, andan supuestos analistas con título de sociólogos que pretenden promover una falsa imagen de lo que realmente ocurre en nuestro país. Hacen señalamientos sin fundamento, plegados a partidos políticos fracasados, llegando al absurdo de señalar, inclusive, al régimen de excepción, así de perdidos andan.

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