El camino empedrado de la sociología salvadoreña: ideas preliminares (2)

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El camino empedrado de la sociología salvadoreña: ideas preliminares (2)

Por René Martínez Pineda (@ReneMartinezPi1), Sociólogo y Escritor (UES-ULS).

4) A raíz de que, en la política y en la sociología se urdió la traición más grande de la historia, la sociología pasó por la época de la metafísica de la orfandad teórico-política paralizante, en los 90 e inicio de los 2000, en los que los sociólogos pusilánimes (aquellos que, en la guerra civil, se metieron debajo de la cama, mientras atacaban a quienes la hicieron) se creyeron el cuento del fin de la historia, porque eso le ponía fin al imperativo moral de que la transformaran en tiempo presente. Esa fue la coartada de los cobardes de la praxis, esos sociólogos que dicen no saber qué significa ser reaccionario, aunque lo son de oficio. Dicha época la defino como sociología de la autogénesis teórica, en tanto se hace teoría de la teoría, totalmente al margen de la realidad (lo concreto real) y de los sujetos que, por decodificarla con su sentido común, son los productores preeminentes de la teoría.

5) Como resultado de la rebelión electoral, de 2019, que le puso fin al bipartidismo y aclaró que la utopía social no está hecha de palabras, la sociología pasó a la época del purgatorio teórico-político que se tradujo en la ruptura-apertura de paradigmas. En esta coyuntura, la sociología vive en el tiempo-limbo de los constructos teóricos cuyos referentes antagónicos son el negacionismo (sociología que se niega a sí misma al pretender que el pasado vuelva a pasar y que niega el daño causado por los victimarios recurriendo a sofismas pedestres) y el reinvencionismo de la realidad y la teoría, a imagen y semejanza de la ciudadanía que arregla las maletas para el viaje de la revolución con cambios revolucionarios, lo que equivale a una sociología de la utopía.

Por otro lado, en las épocas de la sociología se puede incluir la existencia -o no- del pensamiento crítico en ella, así como las constantes sociales y las diversas fases por las que han pasado los sociólogos (sujetos específicos y operativos de la sociología), quienes pueden catalogarse así:

1) El sociólogo reaccionario (sociologus conservativus) que ha estado latente en todas las épocas, y es aquel que invisibiliza o socava, desde un escritorio, las luchas populares (en todas sus variantes ideológicas) y ataca, con brutalidad visceral, a quienes combinaron la teoría con la práctica política en favor del pueblo, haciendo suya la crítica epistemológica que marca la diferencia entre la narrativa de las víctimas y la de los victimarios (en la que se matricula el reaccionario) que lo usan como su palabrero erudito.

2) El sociólogo oportunista (sociologus et parasitus) que vive de hacer encuestas manoseadas (asegurando que hace ciencia) y que, por una dádiva mediática, cuestiona a granel la realidad, pero sin ser parte de su transformación, pues eso implica asumir las consecuencias (ante todo las negativas) y su coartada es exigir que los cambios sean perfectos y omnipresentes, haciendo de la impaciencia un argumento teórico. El oportunista es un mercenario académico que termina siendo un charlatán notorio.

3) El sociólogo de papel (sociologus ex cathedra) que, de los pelos, mete la realidad en la teoría y, para ello, memoriza una miríada de nombres y conceptos que no comprende (y mucho menos produce por cuenta propia) para repetirlos por orden alfabético siempre que puede y ganar, según él, un prestigio como erudito neutral. Este sociólogo es el heredero inconfeso de la sociología vegetativa y de la autogénesis teórica cuyo terreno cognitivo es el escritorio. Sin embargo, el saber sociológico no es neutral ni estrictamente académico, sino un motor cognoscitivo y práctico para transformar la realidad.

5) El sociólogo carterista (sociologus furax) que personifica el extractivismo académico, en tanto usa a la población (“informantes claves”) para robar datos e  información y luego publicar libros sin reconocer la autoría intelectual de dichos informantes.

5) El sociólogo oscuro (sociologus ignotus), personaje especialmente perverso debido a que es tan reaccionario como oportunista, cobarde, carterista y de papel, aunque en público se define como pensador crítico autónomo, cuando en realidad es un simple criticador cuya función vital es deslegitimar el pensamiento crítico y falsear la teoría sociológica, reproduciendo la lógica extractivista y tratando de colonizar el pensamiento de estudiantes y ciudadanos. Así, legitima la desigualdad y el control social horizontal, y normaliza, por ejemplo, la figura del pandillero.

7) El sociólogo reinvencionista (sociologus inventor) quien considera que hay que transformar la teoría (lo teórico construido para descifrar la lógica cognitiva usada) para decodficiar la realidad (partiendo de las condiciones heredadas hasta arribar a las condiciones actuales, y transformarla en el presente, el cual es un tiempo-limbo en el que, parafraseando a Gramsci, la vieja sociedad se niega a morir y la nueva sociedad tarda en nacer.

Empero, de todos los hábitus de la sociología emerge el pensamiento crítico que se enfrenta al que dice serlo sin serlo. La acción elemental del pensamiento crítico es pensarse a sí mismo, ya que el pensamiento que no piensa en él mismo no sirve para readecuar su lógica de construcción y los resultados de ésta, en el sentido de transformarse (reinventarse) transformando la realidad.

Hay que recalcar que no se puede transformar la realidad sin transforma con ella la teoría (causa y efecto sin un orden dado), lo cual pasa por el cambio climático de la conciencia social y evade la cobardía de la praxis que se refugia en la teoría inerte para no asumir compromisos con los sectores populares que, en nuestro caso, son poseedores de la verdad pragmática de lo que significó una revolución sin cambios revolucionarios.

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