No hubo sirenas ni edificios colapsados esta vez. Tampoco el ruido de maquinaria removiendo concreto ni las voces que, durante días, guiaron a sobrevivientes entre los escombros. En Casa Presidencial, el silencio fue distinto: el de un país que decidió detenerse para agradecer a quienes, hace poco más de un mes, cambiaron la rutina por una misión que los llevó a uno de los escenarios más devastadores de la región.
Los 452 integrantes de la misión humanitaria salvadoreña recibieron una condecoración de manos del presidente Nayib Bukele, en reconocimiento a la labor que desempeñaron tras los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio. Aquella delegación fue la primera en llegar al país sudamericano, apenas unas horas después de la tragedia.

Pero detrás de cada medalla había historias que difícilmente caben en un acto protocolario. Horas avanzando por estrechos túneles abiertos entre concreto fracturado, acero retorcido y estructuras inestables; jornadas enteras buscando señales de vida bajo edificios reducidos a montañas de escombros y el riesgo permanente de nuevos colapsos. En ese escenario, los rescatistas salvadoreños no solo recuperaron víctimas: también devolvieron esperanza a quienes permanecían atrapados.
Durante el homenaje, el mandatario recordó esas escenas y describió el desafío que enfrentó el equipo en el terreno. «Imagínense entrar en un túnel oscuro, largo, estrecho, que se ha abierto entre toneladas de escombros, entre losas de concreto y hierro torcido», expresó al destacar el trabajo realizado. Entre las historias mencionadas estuvo la de Camila, una sobreviviente rescatada junto a su perrita, símbolo de que, incluso en medio del desastre, cada vida importaba.

La misión, sin embargo, no terminó entre las ruinas. Mientras unos removían escombros, otros instalaban un hospital de campaña en Catia La Mar, estado de La Guaira, donde brindaron más de 3,255 atenciones médicas. Los equipos veterinarios atendieron a 1,100 animales afectados por la emergencia, mientras la ayuda humanitaria seguía llegando desde El Salvador.
Esa operación también se sostuvo gracias a quienes nunca salieron del país. Un total de 77 personas coordinó el envío de maquinaria, medicamentos, alimentos, herramientas e insumos médicos que viajaron en ocho vuelos hacia Caracas. En conjunto, El Salvador movilizó más de 170 toneladas de ayuda humanitaria para atender a las comunidades afectadas.


«Hoy estamos aquí para rendirles homenaje a ustedes. Las medallas que recibirán representan la gratitud de todo el pueblo salvadoreño y me atrevería a decir también del pueblo venezolano», expresó el presidente durante la ceremonia.
Más que una entrega de reconocimientos, el acto se convirtió en el cierre simbólico de una misión que comenzó entre el polvo y la incertidumbre. Las condecoraciones fueron el último capítulo de una historia escrita por rescatistas, médicos, paramédicos, veterinarios, pilotos, personal logístico y voluntarios que, durante varios días, llevaron la bandera salvadoreña a un lugar donde lo más valioso no era el uniforme que portaban, sino la posibilidad de encontrar vida bajo los escombros.




